Naipa
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Por qué tres cartas

Publicado el 3 min de lectura

Una carta del mazo de Naipa, con una ilustración ambigua

Tres es un número raro para una app. No es uno, que sería más limpio de contar y más fácil de explicar. No es cinco ni diez, que sonarían más serios. Tres parece elegido a ojo.

No lo fue del todo, así que aquí va el razonamiento.

Una carta no dice nada

El problema de una sola carta al día es que no tiene con qué compararse.

Escribes “puerta”. ¿Y ahora qué? Puede ser el tema que te ronda desde hace semanas o puede ser que acabas de oír la del vecino. Una asociación suelta no distingue entre lo que traías puesto y lo que había en la habitación. Es ruido con formato de dato.

Con dos ya hay algo. Con tres, en la misma sesión y en el mismo estado de ánimo, empieza a verse si hay un hilo o si cada una fue por su lado. No es una medición: es que tú mismo lo notas al escribir la tercera. A veces piensas “otra vez lo mismo” y esa frase es más informativa que cualquier gráfico.

Diez ya son deberes

Hacia arriba el límite lo pone la sinceridad, no el tiempo.

Las primeras respuestas salen solas. A partir de la cuarta o la quinta empiezas a producir: ya has vaciado lo que tenías a mano y te pones a buscar, y buscar es justo la operación que el juego intenta esquivar. Lo que sale entonces está pensado, está bien escrito y no sirve para nada de esto.

Además pasa lo otro, lo aburrido: diez cartas son un rato, un rato es un hueco en la agenda, y un hueco en la agenda es algo que se salta el primer día ocupado. Naipa se juega en la cola del súper. Si deja de caber ahí, deja de jugarse.

Tres al día son veintiuna a la semana

El número también tenía que funcionar hacia arriba, en la escala en la que sí se cuentan cosas.

Tres al día son veintiuna notas por semana. Es poco para sacar conclusiones de una sola semana —de eso va otra entrada— pero es suficiente para que al cabo de un mes haya casi noventa, y ahí las repeticiones ya no son casualidad. Con una carta al día tendrías treinta, y habría que esperar un trimestre para tener lo mismo.

Y el mazo dura

Hay un último efecto lateral que nos gustó al hacer las cuentas.

El mazo son setenta cartas, y se reparten sin repetir hasta agotarse. A tres por día eso son unos veintitrés días: casi un mes hasta que una carta vuelve a aparecer.

Es tiempo de sobra para que no te acuerdes de qué contestaste la vez anterior. Y eso importa, porque el día que reconoces una carta y recuerdas tu respuesta, ya no estás asociando libremente: estás corrigiéndote.

Por eso, cuando una carta vuelve, Naipa te enseña lo que escribiste la última vez que salió — después de haber escrito, nunca antes. Lo que dijiste entonces merece verse al lado de lo que has dicho ahora; dártelo mientras corren los sesenta segundos solo convertiría la respuesta de hoy en una contestación a la tuya de antes.

Tres, entonces, no es un número redondo. Es el sitio donde se cruzan “esto es rápido” y “esto llega a ser algo”.

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